¿Cómo empieza esta aventura?
Empezó en 2002, cuando a mi (en
ese entonces) novio le ofrecieron ir a trabajar a Chile. Lo hablamos y
decidimos que una vez que yo cerrara temas en Argentina lo alcanzaba del otro
lado de la Cordillera. Así fue y así seguimos, después de 12 años.
Aunque solo haya sido el cruce de la Cordillera, seguro
significó muchos cambios en tu vida… ¿cómo fue aquella primera experiencia?
Si, claro que fueron muchos
cambios. Porque hay que empezar de cero, volver a armar tu red, olvidar un poco
quién eras antes donde vivías, porque ahora no te conoce nadie. Entonces, es
como un baño de humildad por una parte, y hay que aprender a sacar todo tu
bagaje de habilidades de la galera.
Al principio fue un poco
duro Chile, porque yo venía de un ritmo súper intenso de trabajo, vida social, etcétera,
y de repente no tenía nada que hacer y me aburría. Tuve que hacerme a las
diferencias culturales. Uno cree que porque están al otro lado de la frontera
es lo mismo pero no es así. Pero después empecé a trabajar y a estudiar y me
integré súper rápido. Es un país que le tengo mucho cariño, porque allí me
casé, tuve mi primer hijo y mantengo muchos amigos queridos. Estuve dos años en
Santiago, Chile. Después, 6 años en Madrid. Cuatro años en México y ahora llevo
unos meses en Bogotá, Colombia.
¿Qué dejaste atrás, además de la familia?
Dejé casi todo: mi familia,
mis amigos, redes de trabajo y académicas, trabajo, mi departamento…en fin, mi
vida cotidiana.
En Argentina trabajaba en la
UBA, daba clases y hacía consultoría de RRHH. Ahora sigo haciendo casi lo
mismo, he podido reubicarme haciendo consultoría en los países que he vivido y
también dando clases en la universidad.
¿Se te ocurre alguna aspecto de vivir afuera que quieras
compartir?
Cuando te movés de país
pueden pasar mil cosas diferentes a las que no estás acostumbrada. Y se trata
simplemente de no estresarse e intentar entender la cultura del lugar. Lo que
me sorprendió gratamente en todos los países que he estado, fue encontrarme con
gente increíble, gente que sin apenas conocerme se brindaba y me ayudaba con
todo eso…eso gratifica mucho, porque uno va encontrando su otra familia donde
va viajando.
En todos me sentí
cómoda después de la adaptación obviamente. Siento que España fue más duro
porque los lazos sociales son diferentes y a los latinos nos resulta chocante
ese metro de distancia que hay que tener con la gente. Y en todos lados hay
cosas a las que no te terminas de acostumbrar, lo cuál no significa que no
estés a gusto en esos países.
Al final te quedan los
momentos lindos que pasaste en cada país, por donde transitabas, la gente que
conociste. Y definitivamente volvería a cada uno de los lugares donde he
vivido. En todos ya me siento como casi “local”.
¿Cómo fue para vos vivir afuera?
Me abrió la cabeza
muchísimo. Estás con gente con la que nunca estarías en tu país, tenés que
desarrollar unas capacidades enormes para vincularte con los demás, te haces más
flexible, amplias tu vocabulario, amplias tu capacidad de entender a los demás…
El hecho de estar lejos lo
llevo bien porque, como siempre digo, no lo pienso mucho. Es mi realidad y
tengo que vivir con eso. Hablo con mi familia seguido, con mis amigos cuando
podemos
¿Y cómo llevan tus hijos lo de cambiar de país cada tanto?
Tengo dos hijos: Iker que es
chileno y tiene 10 años, y Martina que es española y tiene 6. ¡Creo que yo
llevo peor las mudanzas que ellos! Ellos aprendieron a ver la parte positiva de
los cambios y nosotros a hacerles fácil el aterrizaje en otro país.
¿Les recomendarías a nuestros lectores vivir en otro
lugar por un tiempo?
Si, absolutamente. El plazo,
depende de cada uno. Pero con un año no se conoce un país ni su gente ni su
cultura. Mi consejo es que den el salto. Para los familiares: estar muy
unidos. Eso ayuda mucho en el primer momento y además une mucho como
familia.
En pocas palabras:
Viajás con el pasaporte… argentino, siempre.
¿Amás u odiás los aeropuertos? Los amo.
¿Pasta o pollo?
Pasta… soy vegetariana.
La comida argentina que más extrañas… El queso blanco García o el Mendicrim
Un lugar de vacaciones… la playa, donde sea….
¿Qué elemento viaja con vos siempre? Mis cremas.
¿Y qué te olvidás? La mitad de la ropa…
Cuando tenés tiempo lo dedicás a… leer, estar contemplativa, descansar…
¿Qué pedís que te lleven los que van a visitarte? Jorgito de mousse de chocolate para mis hijos…ahora
pediré yerba que en Bogotá está carísima.
Un sueño cumplido… haber vivido en muchos lugares
Y uno por cumplir… encontrar mi lugar en el mundo.