Cintia Ana Morrow
para Argentinos.es
Existen muchas razones para dejar el país que nos vio
crecer. Algunas veces es porque encontramos el amor en otro lado; otras
perseguimos un sueño de aventuras o simplemente vamos en busca de una vida mejor,
distinta. Hay unas pocas personas que salen de su país, dejando todo lo que
quieren atrás, para ayudar a mejorar la vida de otros. Estas personas viajan
miles de kilómetros hasta los lugares más remotos del planeta, para asistir a
países que a veces no tienen paz, ni gobierno, ni fronteras definidas. Se suben
a un avión y dicen “hasta luego” a la Argentina para ir a tratar de reconstruir
sociedades que tienen que empezar de nuevo después de un desastre natural o de
una guerra. No digo que sean completamente altruistas: la experiencia en la que
se embarcan les devuelve mucho más de lo que alguna vez imaginaron.
Hoy una de estas maravillosas personas, Claudia Gabriela Jorge, se hace un huequito en su agenda y nos
cuenta desde Haití cómo vive ella las Misiones de Paz.
Contanos un poco de
vos…
Soy Claudia Gabriela Jorge, nacida y criada en la ciudad Capital de
Santiago del Estero. Casada con Emiliano Casanovas hace 4 años
y todavía no tenemos hijos.
Y… ¿Cómo fue que llegaste desde Santiago hasta acá?
Primero debo aclarar que soy Suboficial de
Gendarmería Nacional Argentina. Todo empezó cuando me enteré que en mi trabajo
había un Centro de Capacitación para Misiones de Paz, donde se dictaban cursos
de idiomas y formación para Policías de Naciones Unidas. Esto fue en el año 2009,
cuando las mujeres comenzaban a participar de las Misiones de Paz al igual que
los hombres.
Así que, como me encantó la idea de
perfeccionarme en el Inglés, sumado al gran desafío de ser parte de ese grupo
de mujeres pioneras en las misiones de paz, no tuve ninguna duda en
inscribirme. Al finalizar en 2010 fui convocada para trabajar un año en la
Misión de Paz de Naciones Unidas en Liberia en el Continente Africano. Es así que
ese mismo año partí en mi primer viaje en avión hacia Liberia, haciendo escalas
en Frankfurt, Bruselas y Ghana. Fue un viaje emocionante porque era la primera
vez que salía de mi país hacia un lugar tan remoto.
¡Fue toda una aventura! Viajar
en avión me encantó, no tuve miedo. Lo que si me causó preocupación fue el tema
de enfermedades como la Malaria. Pero gracias a Dios me cuide bastante y volví
sana de la misión.
¿En qué lugares viviste y por cuánto tiempo?
Estuve viviendo y trabajando en la Capital de
Liberia, llamada Monrovia. Actualmente estoy en Puerto Príncipe, Haití,
nuevamente convocada para una Misión de Estabilización de Naciones Unidas.
¿Qué dejaste atrás, además de la familia?
Esta parte es la más difícil de recordar.
Dejé en Argentina al amor de mi vida: mi esposo Emiliano y a mi familia
(padres, hermanos, sobrina y abuela). Pero lo más duro fue con mi esposo porque
a 9 meses de estar casados tuvimos que separarnos. Fue un gran sacrificio para
nuestra relación. Pero supimos afrontar los momentos difíciles y aprendimos a
vivir con este desafío.
Si, totalmente. Creo que todos
participaron de algún modo en esta gran experiencia que me tocó vivir. Emiliano
es el que más sabe del estrés que causa rendir un examen de Naciones Unidas y
el que genera la espera de salir convocada para una nueva misión . Ahora puedo
decir que ya está un poquito más canchero para entender la situación y
brindarme todo el apoyo que muchas veces he necesitado para pasar mis días
lejos de él.
¿En qué lugar te sentiste más cómoda y cuál
te costó más?
Durante mi primera misión en África me sentí
bastante cómoda a pesar de que era la primera vez fuera de mi país y que, como
nos pasa a todos, uno trata de acostumbrarse a todo lo nuevo. Por suerte tuve
excelentes colegas y amigos de distintas nacionalidades que se convirtieron en
mi segunda familia. En esta segunda oportunidad, esta vez en Haití, puedo decir
que ya con un poco más de experiencia me siento mucho más cómoda, hasta con el
sistema de trabajo.
El Continente Africano, con sus miles de
etnias y, por supuesto, con sus conflictos, suena a algo terriblemente difícil
de asimilar. ¿Qué te sorprendió de Liberia?
Así es, te causa shock al llegar por primera vez. Pero
con el tiempo te das cuenta que su cultura y su gente te atrapan. Es un poco
difícil llegar a ellos al principio, pero una vez que se abren te brindan toda
su amabilidad. Tuve la suerte de trabajar con Policías Liberianos que
demostraron ser excelentes personas y muy profesionales a pesar de las
carencias que tenían como sociedad en desarrollo después de 13 años de guerra.
Lo que me sorprendió fueron los aberrantes casos contra los derechos humanos de
las mujeres y niñas, específicamente la mutilación genital femenina. Quizás
nunca logre entender porque realizan esas prácticas en bebes y niñas de hasta
10 añitos. Esta realidad me dolió bastante.
Lo que más me gustó de Liberia
fue la amabilidad de su gente, el colorido de sus ciudades, sus hermosas playas
y paisajes tropicales. Y los artistas talladores de madera y pintores, hacen
increíbles obras de arte.
Haití, a pesar de ser parte de Latinoamérica,
tiene raíces muy diferentes a las nuestras. ¿Qué encontrás allá parecido a la
Argentina? ¿Y a Liberia?
Si estoy de acuerdo, tiene
raíces muy diferentes. Parecido a Argentina, la verdad que no le encuentro casi
nada. Salvo que acá en se realizan manifestaciones y cortes de ruta día de por medio,
eso sí lo puedo igualar a Argentina. Pero comparo Haití con Liberia y también
encuentro enormes diferencias. Creo que Haití, a pesar de haber estado casi 14
años apoyado por las Naciones Unidas y después del terremoto de Enero del 2010,
no ha logrado estabilizarse por completo. Se notan ciertos avances pero no son
tan grandes comparados a Liberia.
Sé que la aventura de vivir en el extranjero
cambia a las personas en algunos aspectos. En qué sentís que te cambió a vos?
El estar residiendo en el extranjero y
compartir trabajo y vivencias con personas de diferentes partes del mundo te
abre la mente por completo. A veces uno se queda encasillado en una perspectiva
de vida, pero al tener la oportunidad de salir te das cuenta que existen muchas
más. Vivir en otro país me hizo valorar muchísimo a mi esposo a mi familia y a
mi querido país, como así también crecer profesional y personalmente.
¡No lo hubiera podido expresar mejor!¿Tenés
algún ritual argentino para los días de melancolía?
Vivir en otro país es un ejercicio de
apertura cerebral y sensorial, como contabas antes, pero no todo el mundo se
anima, ¿lo recomendarías?
Siempre lo voy a recomendar porque es una
experiencia increíble e invaluable y me encantaría volver a hacerlo pero con mi
esposo. Como nunca estuve más de un año afuera puedo decir que a corto plazo lo
recomendaría. Pero ¿para siempre? Depende la situación que a uno se le presente
en la vida.
Se te ocurre algún consejo para aquellos que
están considerando la posibilidad de salir al extranjero? Y para sus familias?
En
pocas palabras:
¿Amás u odiás los aeropuertos?
¡Me encantan los aeropuertos! Ya tuve la oportunidad de conocer el de
Frankfurt, Bruselas, Ghana, Liberia, Sudáfrica, Madrid, Marruecos, Panamá,
Paraguay y Haití. Amo viajar y es emocionante la sensación de estar por partir
a explorar nuevos horizontes.
¿Pasta o pollo?
Pollo.
La comida argentina que más extrañás… Uy
que difícil, se extraña el buen asado con achuras, y como soy Santiagueña
extraño las empanadas de carne que son incomparables. Para los momentos de
melancolía: los benditos alfajores y el dulce de leche.
Un lugar de vacaciones…
me gustaría conocer Miami.
¿Qué elemento viaja con vos siempre?
Siempre llevo conmigo, a donde quiera que vaya, mi teléfono, mi MP3 y la compu.
¿Y qué te olvidás?
Por suerte nunca me olvidé de nada porque chequeo dos o tres veces si tengo
todo lo que necesito. Al contrario, muchas veces cargo cosas que no uso nunca.
Cuando tenés tiempo lo dedicás a…
trato de mirar una película o leer un libro.
¿Qué pedís que te lleven los que van a
visitarte? Como es muy difícil que vengan a visitarme,
yo soy la que llevo recuerdos de los lugares donde estuve.
Un sueño cumplido…
para hacer honor a Susanita de Mafalda: haber encontrado al hombre de mi vida y
haberme casado con él, y también el logro de tener nuestra propia casa.
Y uno por cumplir…
Tener un hijo y continuar con mi carrera universitaria de Relaciones Públicas y
poder obtener ese título tan anhelado.
Postdata: Me
siento muy agradecida con la vida que me ha dado tantas satisfacciones y con
Dios que siempre me puso en el camino personas de gran corazón. Solo deseo
agradecer a todos los que creyeron en mí.